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La Coctelera

Las sendas de mi vida

La montaña y sus circunstancias, el medio urbano que me rodea, el agua... Además de algunas reflexiones más o menos vitales sobre la actualidad o no.

31 Enero 2007

El momento de los rendimientos decrecientes del turismo

Opinión. INFORMACIÓN
Toda actividad económica siempre alcanza un punto o momento en que, debido al aumento de capital o al crecimiento del negocio o a la variación de magnitudes, se produce una mengua inevitable de los beneficios, pudiendo incluso llegar a las pérdidas. Así, por ejemplo, cuando el número de turistas o de casas crece, mientras los recursos naturales (tierra, agua, ...) permanecen fijos porque son limitados, y las infraestructuras y servicios (recursos creables) crecen a un ritmo mucho más lento o tienen una capacidad límite, el producto resultante será inferior. En turismo eso se llama pérdida de calidad o de atractivo turístico; y en términos económicos rendimiento decreciente de la actividad con disminución de los beneficios, que puede abrir una etapa de competitividad agresiva (bajada de precios y, por tanto, del servicio) y posibles pérdidas en el horizonte, o cambio o cierre de la actividad.

La fidelidad del turista a un lugar o el éxito turístico de tal lugar no es cuestión de suerte ni depende de la inercia de año tras año; en realidad el turista vuelve o va al lugar por la bondad paisajístico-medioambiental y por la atención y servicio turístico u hotelero. En la medida en que esto mengüe, menguará también la fidelidad del turista.

Todo punto o destino turístico posee un ciclo de vida que se puede alargar o acabar según la gestión que se haga. El punto turístico nace cuando alguien o algunos descubren la singularidad o belleza natural de un lugar (Marines - puerto - Rotes - castillo - Montgó, en Dénia). En esos primeros momentos se da una integración o atracción espontánea entre turista - territorio - actividad del lugar. Sucede luego una etapa de lanzamiento, en la cual se pasa de unas prácticas turísticas minoritarias a otras mayoritarias (extensión hotelera, residencial, de servicios...). Y se llega a un punto álgido de desarrollo en el que se hace necesario la aplicación de medidas puntuales urgentes (parkings, circunvalaciones, plantas de residuos, desaladoras, áreas comerciales,...), afrontando y atacando así los síntomas de una situación bastante crítica pero no la causa real de tales efectos. Es el punto clímax. Es el punto de madurez de un destino turístico, donde, además, el gasto medio por turista suele estancarse o decrecer (menos 1,8% en 2006 en España, según el Ministerio de Turismo).

A partir de aquí, el destino turístico entra en una etapa de reestructuración o de estancamiento, cuya solución no puede alargarse porque el declive se va haciendo progresivo. «No interesa que vengan tantos millones de personas sino que los que vengan se dejen un dinero que compense el gasto (de la inversión hecha aquí)», presidente de la Federación de Agencias de Viaje, FEAAV, en El País del 3-1-2007. Se impone ir a la causa real de la situación.

La causa real de la situación no es otra que la práctica extensiva turística, que acaba con la esencia y motivo de ser del destino turístico. Se ha de volver a la singularidad y calidad, escapar a la densificación y masificación. Se ha de adoptar un freno decidido a la construcción, a la destrucción del territorio, a la vulgarización del sol y playa, a la desinversión... Implica una decisión drástica. Está en juego la pervivencia del punto turístico. Está en juego su mantenimiento viable y rentable, que suele pasar por la fidelidad del turista (si hay atención paisajístico - medioambiental y del servicio), suele pasar por la desestacionalización (amortización de la inversión a lo largo del año, no sólo de una estación), por la diversificación de la oferta con turismo rural, gastronómico, cultural, folklórico, religioso (el Montgó posee 17 capillas e históricamente ha sido considerada montaña mágica), por la implicación de la economía y cultura del lugar (artesanías, viticulturas, productos alimentarios, tradiciones, proyectos de futuro, ...), por la política territorial mancomunada a nivel comarcal y a nivel de Comunidad.

Alargar el ciclo de vida de nuestros puntos turísticos es un reto. Más que un reto, significa el mantenimiento de nuestra primera industria y forma de vida. Y la decisión no depende más que de nosotros .

Jesús Moncho Pascual es autor del libro «Marinas-Postiguet-Horadada».

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