De la freidora de casa al depósito de los vehículos
El aceite tratado puede suplantar a la cara gasolina que necesitan los automóviles y otro tipo de maquinaria. El proceso, aunque es un poco elaborado, sale más rentable y ecológico que el costoso repostaje tradicional.
Las fases de reconversión pasan por diferentes ciclos. Una vez retiradas, las grasas vegetales se filtran y se remiten a las plantas de fabricación de biodiésel existentes en España.
El compuesto se obtiene por transesterización, un procedimiento que mezcla aceites vegetales, grasas animales y aceites reciclados con alcohol en presencia de un catalizador, con el fin de formar ésteres (compuestos orgánicos).
El producto recuperado es separado en fases para eliminar el glicerol, que es un subcompuesto muy valioso para la industria cosmética y de productos de limpieza.
Posteriormente, los ésteres son sometidos a un proceso de purificación que consiste en el lavado con agua, el secado y el filtrado.
Finalmente, se convierte en biodiésel, un combustible que mezcla gasóleo A de automoción con un porcentaje de entre un 20% y un 30% de este derivado, lo que supone una importante reducción de las emisiones a la atmósfera y del consumo de petróleo.
Uso en turismos
En este porcentaje, está homologado para su uso en la mayoría de los turismos y camiones de mecánica diésel y su precio es el mismo que el del gasóleo. Fabricantes como Renault y PSA (Peugeot-Citroën) ya han autorizado su consumo en diferentes concentraciones.
Desde los talleres centrales de Citroën, aseguran que las mecánicas diésel son perfectamente compatibles con esta clase de carburante. «Los tipos de vehículos que son diésel con inyección directa admiten una mezcla de biodiésel de un 5%, aunque también existe otro motor que tolera concentraciones mucho mayores. La contaminación es mucho más reducida que con el gasóleo tradicional», afirma un técnico automovilístico.
